Este invierno está siendo duro en Galicia. El sonido tintineante de la lluvia en los tejados y cristales acompaña de una manera agradable la inmersión en un sueño profundo. No obstante, a veces el recuerdo de los que no tienen techo o viven en infraviviendas enturbia esos momentos de pretendido relax.
En EE.UU., la superpotencia, casi cuarenta millones de personas dependen de los bonos para poder comer. En España la cifra de dependientes será escandalosa a raíz de la desaparición del subsidio de 440 euros a los parados.
En esta coyuntura el papel de la Cocina Económica, las residencias benéficas y los centros de acogida es encomiable y a veces heroico. A la entrega generosa de tiempo y esfuerzo se une una filosofía en los modos de considerar al menesteroso que les lleva a tratarles con la mayor de las dignidades, en situaciones incluso extremas, cuando los medios no alcanzan sino para cubrir una parte de las necesidades.
Algunos comedores han instalado servicios de aseo e incluso pequeñas camas donde descansar para atender también las penurias de quienes unen al hambre la pérdida del hogar.
Impresiona la limpieza con que los voluntarios mantienen las cocinas y las duchas. Pero, por encima de todo, lo más gratificante es observar cómo estas instituciones que viven de aportaciones privadas, a menudo anónimas, aplican la misma máxima de exigencia de parámetros de calidad a los alimentos cual si se tratase de dar de comer en un restaurante o en un hospital. Los gestores de estos comedores rechazan amablemente excedentes de banquetes ofrecidos en salones de boda u hoteles para poder controlar la trazabilidad de todos los procesos. Las cocinas económicas y centros de acogida sí aceptan productos en su envase original, aunque tengan próxima la fecha de caducidad, pero siempre registrados por Sanidad.
Los que se sientan a la mesa en situación de precariedad de medios son para ellos Don Manuel, doña Josefa, don Ismael... que reciben en el comedor no sólo una comida sino también una dosis de autoestima que les ayudará, en muchos casos, a levantar el vuelo cuando un tren haga parada en su puerta y resuelvan subirse a el.
lunes, 14 de febrero de 2011
domingo, 13 de febrero de 2011
LA APOLITIZACIÓN DE LA SOCIEDAD
Uno de los síntomas más elocuentes de que la sociedad se está volviendo indolente al respecto de toda toma de conciencia política es la recurrencia a la idea, expresa, de que todos los políticos son unos ladrones. Se trata de completar el pretexto por el cual cualquier intento del ciudadano de a pie por influir siquiera un poco en las decisiones de los gobernantes es inútil.
El friquismo entendido como el refugio exclusivo en parcelas muy pequeñas de la realidad está presente en todos los movimientos gregarios, como es perceptible en las redes sociales que recogen la actividad, parcelada, de una sociedad cada día menos comprometida con causas maximalistas.
El deporte, el culto al cuerpo, a la moto, a los coches, a los cacharros tecnológicos o la mitificación de las creencias con sus rituales especializados hasta el paroxismo son omnipresencias cegadoras para muchos mortales, incapacitados de facto para percibir situaciones reales en entornos incluso bien cercanos.
“La vida es algo más que fútbol, ir de copas, jugar al pádel, etc.” se me antoja una reflexión inteligente, trascendente en boca de quienes destacan en una actividad concreta, específica, con un recorrido social poco trascendente y aportador de valor para la sociedad. No contemplaría pues dentro de este supuesto las actividades profesionales que, aun secuestrando la vida del actante, repercuten de manera proverbial en la vida de los demás, cual pueden ser las actividades de investigación científica, cirugía, atención primaria, educación social, servicios de intervención urgente... y en general todos los desempeños que son necesarios para que la maquinaria social permanezca engrasada y repercuten además en el sostenimiento de las familias y su acceso a una vida digna. Y aun en estos casos lo deseable y no siempre es posible tener una relación adecuada con el trabajo.
Pero el alegato de pérdida de conciencia de la realidad simpatiza con la observación de la sociedad actual persiguiendo acallar la voz crítica de su interior con la práctica obsesiva de una afición o una actividad sectaria que lo acaba ocupando todo y llega a desplazar aspectos primordiales en el crecimiento personal. Los efectos son objetivables y ostensibles: desfilan por doquier generaciones de autómatas, víctimas inconscientes -¿o tal vez no?- del complejo de Peter Pan, fáciles de catalogar, susceptibles de ser integrados en paquetes homogéneos, bien segmentados, constituyendo una diana fácil para los mensajes subliminales del poder.
El friquismo entendido como el refugio exclusivo en parcelas muy pequeñas de la realidad está presente en todos los movimientos gregarios, como es perceptible en las redes sociales que recogen la actividad, parcelada, de una sociedad cada día menos comprometida con causas maximalistas.
El deporte, el culto al cuerpo, a la moto, a los coches, a los cacharros tecnológicos o la mitificación de las creencias con sus rituales especializados hasta el paroxismo son omnipresencias cegadoras para muchos mortales, incapacitados de facto para percibir situaciones reales en entornos incluso bien cercanos.
“La vida es algo más que fútbol, ir de copas, jugar al pádel, etc.” se me antoja una reflexión inteligente, trascendente en boca de quienes destacan en una actividad concreta, específica, con un recorrido social poco trascendente y aportador de valor para la sociedad. No contemplaría pues dentro de este supuesto las actividades profesionales que, aun secuestrando la vida del actante, repercuten de manera proverbial en la vida de los demás, cual pueden ser las actividades de investigación científica, cirugía, atención primaria, educación social, servicios de intervención urgente... y en general todos los desempeños que son necesarios para que la maquinaria social permanezca engrasada y repercuten además en el sostenimiento de las familias y su acceso a una vida digna. Y aun en estos casos lo deseable y no siempre es posible tener una relación adecuada con el trabajo.
Pero el alegato de pérdida de conciencia de la realidad simpatiza con la observación de la sociedad actual persiguiendo acallar la voz crítica de su interior con la práctica obsesiva de una afición o una actividad sectaria que lo acaba ocupando todo y llega a desplazar aspectos primordiales en el crecimiento personal. Los efectos son objetivables y ostensibles: desfilan por doquier generaciones de autómatas, víctimas inconscientes -¿o tal vez no?- del complejo de Peter Pan, fáciles de catalogar, susceptibles de ser integrados en paquetes homogéneos, bien segmentados, constituyendo una diana fácil para los mensajes subliminales del poder.
viernes, 4 de febrero de 2011
Jungla laboral: en tiempos de crisis el acoso se dispara
La crisis económica, la amenaza de “amortización” de puestos de trabajo en las empresas, en un contexto generalizado de reducción del consumo interno y también de las exportaciones, está reavivando un fenómeno que tradicionalmente ha contaminado las relaciones en el seno de las organizaciones: el de trepar, hacerse un hueco en detrimento de otros compañeros con el empleo de artes sucias: difamación, deslealtad y acoso en sus formas más diversas y sutiles.
El miedo a quedarse sin empleo alienta actitudes perversas contrarias a la dinámica del trabajo en equipo, sobre todo en organizaciones pequeñas y medianas de este país, poco educado para implementar medidas de afrontamiento de los conflictos de personal que tienen su origen en movimientos de deslealtad, mentira y traición desde la ansiedad egocéntrica y el mismo pánico que inspira el descenso de la cuenta de resultados. Nada que ver con los modelos austriaco y alemán, donde los trabajadores suscriben en situaciones de crisis una reducción de su horario laboral y , porcentualmente, de su salario para que nadie sea despedido.
Si a la situación de precariedad se suman ingredientes como la ambición desmedida, el ansia de poder y la práctica del amiguismo que rentabiliza favores, el caldo de cultivo para el afloramiento del “mobbing” está servido.
Me refería no hace mucho un amigo una experiencia muy dura: recordaba que en una época trabajaba en una empresa que pasó a ser succionada por una multinacional poderosa en el sector. A pesar de pertenecer a la organización absorbida fue promovido a jefe de equipo en reconocimiento a su trayectoria exitosa durante años al frente de la delegación. A partir de ahí sufrió un acoso continuo y tormentoso por parte de dos compañeras del sello potente, al tiempo que, sin él saberlo, iban construyendo un castillo de infamias que remitían a la Central a través de un directivo que les hacía de puente: robo, apropiación de artículos de plata, absorción y reserva de fuentes de información y, finalmente, acoso sexual, eran algunas de las acusaciones que vertieron contra su persona. Se enteró muy tarde, a partir de una citación para despedirlo. Pero tuvo la fortuna de que el encargado de comunicarle la noticia lo escuchó y atendió su demanda de un careo con las acusadoras, al que no se presentaron. Aquello lo desgastó en lo personal pero la verdad se trasparentó y su honor quedó a salvo. No así su ejecutoria: fue advertido seriamente por no haber tomado medidas ni informado acerca de la negativa constante de sus subordinadas a reconocerlo como jefe de equipo y ya nunca nada fue igual, para él, que antes de haber ocurrido tan lamentables sucesos.
Por desgracia no siempre es posible identificar a tiempo y desenmascarar a esos acosadores y acosadoras que infectan empresas, negociados, organizaciones...
Con demasiada frecuencia el daño que han hecho a la proyección de la empresa es irreparable cuando esta lleva a cabo medidas de reajuste, casi siempre tardíamente en entornos de mayor tamaño donde las responsabilidades en la toma de decisiones están más diluidas.
Los recursos humanos son el mayor capital de la empresa, la correa de transmisión para asegurar las propias fortalezas, identificar y explotar las oportunidades en un proceso de alcance y aplicación del conocimiento de que es lo mejor que puede hacerse en cada momento y como hacerlo –“Know how” para los autores anglosajones-.
En España la reconversión pendiente de la economía del ladrillo hacía la de las nuevas tecnologías y la industria del aprovechamiento del ocio precisa en gran medida de la implementación en el mundo de la empresa y también en el de la función pública, de los mejores métodos de selección de recursos humanos adecuados a cada perfil, y de la aplicación de modos de evaluación previa, psicotecnia, seguimiento, evaluación y valoración del desempeño de funciones individualizado y en relación con el contexto.
Saldrían ganando las tesorerías públicas y privadas, se daría una salida profesional a educadores sociales y psicólogos clínicos especializados en el mundo de relaciones laborales y se mejoraría la salud en el trabajo. Porque detrás de cada acosado, sea por compañeros, sea por el jefe, hay un drama personal.
El miedo a quedarse sin empleo alienta actitudes perversas contrarias a la dinámica del trabajo en equipo, sobre todo en organizaciones pequeñas y medianas de este país, poco educado para implementar medidas de afrontamiento de los conflictos de personal que tienen su origen en movimientos de deslealtad, mentira y traición desde la ansiedad egocéntrica y el mismo pánico que inspira el descenso de la cuenta de resultados. Nada que ver con los modelos austriaco y alemán, donde los trabajadores suscriben en situaciones de crisis una reducción de su horario laboral y , porcentualmente, de su salario para que nadie sea despedido.
Si a la situación de precariedad se suman ingredientes como la ambición desmedida, el ansia de poder y la práctica del amiguismo que rentabiliza favores, el caldo de cultivo para el afloramiento del “mobbing” está servido.
Me refería no hace mucho un amigo una experiencia muy dura: recordaba que en una época trabajaba en una empresa que pasó a ser succionada por una multinacional poderosa en el sector. A pesar de pertenecer a la organización absorbida fue promovido a jefe de equipo en reconocimiento a su trayectoria exitosa durante años al frente de la delegación. A partir de ahí sufrió un acoso continuo y tormentoso por parte de dos compañeras del sello potente, al tiempo que, sin él saberlo, iban construyendo un castillo de infamias que remitían a la Central a través de un directivo que les hacía de puente: robo, apropiación de artículos de plata, absorción y reserva de fuentes de información y, finalmente, acoso sexual, eran algunas de las acusaciones que vertieron contra su persona. Se enteró muy tarde, a partir de una citación para despedirlo. Pero tuvo la fortuna de que el encargado de comunicarle la noticia lo escuchó y atendió su demanda de un careo con las acusadoras, al que no se presentaron. Aquello lo desgastó en lo personal pero la verdad se trasparentó y su honor quedó a salvo. No así su ejecutoria: fue advertido seriamente por no haber tomado medidas ni informado acerca de la negativa constante de sus subordinadas a reconocerlo como jefe de equipo y ya nunca nada fue igual, para él, que antes de haber ocurrido tan lamentables sucesos.
Por desgracia no siempre es posible identificar a tiempo y desenmascarar a esos acosadores y acosadoras que infectan empresas, negociados, organizaciones...
Con demasiada frecuencia el daño que han hecho a la proyección de la empresa es irreparable cuando esta lleva a cabo medidas de reajuste, casi siempre tardíamente en entornos de mayor tamaño donde las responsabilidades en la toma de decisiones están más diluidas.
Los recursos humanos son el mayor capital de la empresa, la correa de transmisión para asegurar las propias fortalezas, identificar y explotar las oportunidades en un proceso de alcance y aplicación del conocimiento de que es lo mejor que puede hacerse en cada momento y como hacerlo –“Know how” para los autores anglosajones-.
En España la reconversión pendiente de la economía del ladrillo hacía la de las nuevas tecnologías y la industria del aprovechamiento del ocio precisa en gran medida de la implementación en el mundo de la empresa y también en el de la función pública, de los mejores métodos de selección de recursos humanos adecuados a cada perfil, y de la aplicación de modos de evaluación previa, psicotecnia, seguimiento, evaluación y valoración del desempeño de funciones individualizado y en relación con el contexto.
Saldrían ganando las tesorerías públicas y privadas, se daría una salida profesional a educadores sociales y psicólogos clínicos especializados en el mundo de relaciones laborales y se mejoraría la salud en el trabajo. Porque detrás de cada acosado, sea por compañeros, sea por el jefe, hay un drama personal.
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